Mostrando entradas con la etiqueta De sur au sud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta De sur au sud. Mostrar todas las entradas

1 de diciembre de 2009

La Vieja Guardia

"Merde! La Garde meurt, elle ne se rend pas!" (¡Mierda! ¡La Guardia muere, no se rinde!)

Éstas fueron las palabras del General Pierre Cambronne, perteneciente a la Grande Armée, cuando el Coronel Hugh Halkett le instó a la rendición, aun a sabiendas de que habían perdido la batalla de Waterloo.

Hoy toca un poco de Historia de Francia, posiblemente una de las épocas más conocidas mundialmente en lo referente a Francia, es la época del primer imperio francés o imperio napoleónico (1804-1815). Mañana, dos de diciembre, es el 204º aniversario de la Batalla de Austerlitz, o la Batalla de los Tres Emperadores, una de las batallas más gloriosas del imperio napoleónico. Napoleón Bonaparte ha sido uno de los grandes estrategas militares de la Historia. General republicano durante la Revolución Francesa y el Directorio, artífice del golpe de Estado del 18 de Brumario (9 de noviembre) que le convirtió en Primer Cónsul de la República el 11 de noviembre de 1799, Cónsul vitalicio desde el 2 de agosto de 1802, Emperador de los Franceses desde su proclamación el 18 de mayo de 1804 y coronado el 2 de diciembre, proclamado Rey de Italia el 18 de marzo de 1805 y coronado el 26 de mayo del mismo año, con ambos títulos hasta el 6 de abril de 1814 y, nuevamente, desde el 20 de marzo hasta el 22 de junio de 1815.

Si por algo se distinguía Napoleón Bonaparte era por sus conocimientos e inteligencia, por su brillantez a la hora de planificar una estrategia y por actuar en el momento oportuno en el lugar oportuno. Pronto, como de la nada, apareció su figura por todos sitios, era hablado, comentado y temido por muchos. Sus hazañas, aún si llegar a tener todavía puestos de gran poder y sin estar estabilizado en su posición, eran recordadas en muchos lugares. Los veteranos del lugar elogiaban sus victorias, a la par que temían por el fin de su propio poder. Poco a poco surgió el Napoleón como lo conocemos hoy día, la joven promesa pasó a realidad, como la Historia lo recordará, el que imponía sus reglas en el campo de batalla, el que, a pesar de contar en infinidad de ocasiones con menos hombres y menos recursos, imponía su inteligencia y estrategia para ganar batallas, el que construyó un Imperio bajo sus pies.

Napoleón se rodeó siempre de los mejores. Se construyo una Grande Armée o Guardia Imperial, con distintas secciones. Entre ellos destacaba La Vieja Guardia, un grupo de jóvenes, aunque muy experimentados, soldados fieles al Emperador. La Vieja Guardia era en la que confiaban para las batallas más difíciles, era la mayor esperanza del Imperio Napoleónico, el orgullo de Francia. Hombres que se dejaban la piel en el campo de batalla por servir a un ideal y a un escudo. Hombres que luchaban cuerpo a cuerpo, mente a mente, contra sus adversarios. Para ser uno de ellos había que reunir diversos requisitos como haber participado entre 3 y 5 campañas, saber leer y escribir (muestra de cierto nivel de inteligencia en la época) y medir como mínimo 1,83m (1,73 para los cazadores). Entre los hombres pertenecientes a la Grande Armée destacaron por su valentía y su liderazgo, entre otros, Joseph Higonet, Jean Marie Pierre Dorsenne, Claude-Etienne Michel, Jean-Martin Petit, Jean Louis Gros, Pierre Decouz, Henri Rottembourg, Pierre Cambronne, Jean-Jacques-Germain Pelet-Clozeau, Michel Ney, Laurent de Gouvion-Saint-Cyr, Frédéric Louis Viesse de Marmont y Georges Mouton, trece hombres dispuestos a darlo todo en el campo de batalla por su bandera y su escudo, como en el caso de la Batalla de Austerlitz al inicio indicada. Era escuchar su nombre e imponer respeto. ¿Su recompensa? Ser algunas de las grandes figuras de su mundillo y tener por siempre un sitio en la historia de su país, en forma de grabado en uno de los símbolos de su Antiguo Imperio: el Arco del Triunfo de París.

Esto me recuerda, en gran medida, a Mireste. Hombres jóvenes, preparados, experimentados, dispuestos a darlo todo, que imponían su ley y su juego en elc ampo, sin importar el número de efectivos ni tener el cuenta el del contrario, con los hombres justos se era capaz de planificar la jugada perfecta para cada situación y poder lograr la victoria. Un bache lo tiene cualquiera, hasta Napoleón lo tuvo, pero seguiremos siendo Mireste siempre, seguiremos siendo La Vieja Guardia...

25 de octubre de 2009

De sur au sud

Eternas horas en un limitado vagón de tren, escuchando gente hablar lo que, a partir de esa noche, será el pan de cada día allá donde voy. Cojo el tren en Barcelona-Sants, a mi derecha, con el minúsculo pasillo de por medio, una señora de unos 45-50 años, con su nieto en brazos (dejado momentáneamente por su madre ahí mientras coloca el carrito del bebé y las maletas que lleva en la parte delantera del vagón), con un vestido por debajo de las rodillas y unas piernas que me dan que pensar que los rumores de que las francesas no se depilan no son del todo infundados. Pasa Girona, Figueres, Portbou y, de repente, el tren para. Hay que amoldarse a las nuevas circunstancias: el ancho de vía en España es de 1674 mm y en Francia, de ancho europeo, de 1435 mm. Después de los reajustes, seguimos, ya en territorio francés. Desde ese momento deja de pasar el revisor con su chaquetilla de RENFE para pasar otro, de poblado bigote gris, con las puntas con leve forma de espiral, con su distintivo de SNCF (Société Nationale des Chemins de fer Français) y dejo de escuchar la agradable voz femenina de Renfe anunciando la siguiente parada para escuchar a una fémina francesa decir por los altavoces: “prochaine station: Cerbère”. Definitivamente estamos en Francia. Pasamos Cerbère, Narbonne, Perpignan, Béziers y, finalmente, Montpellier. Llegamos a nuestro destino, la Gare Sant-Roch, Montpellier.

Después de horas sentado en el mismo sillón, cojo mis cosas y me preparo para el primer vistazo a mi ciudad durante los próximos nueve meses. Salgo de la estación, miro a mi alrededor y sólo escucho ese acento tan característico por todos lados, carteles con tildes que en España no se usan en la vida, un tranvía pintado con motivos florales pasando por delante de mis narices, un McDonald’s (¡por fin algo conocido!). Llego a la residencia, conozco mi habitáculo, doy señales de vida en casa para que sepan que todo anda bien y duermo, cansado y pensando en que mañana será el momento de descubrir el lugar y de conocer a más españoles, porque un día más así sin poder hablar y reviento…


Poco después conozco a las primeras personas, tanto españoles como extranjeros, empiezo a conocer la ciudad, a conocer los sitios en los que moverse, conocer los lugares de fiestas y frecuentarlos. Empiezo a salir con ese grupo de gente que, al conocerlos durante los primeros momentos, los más duros, será la gente a la que me aferre, día tras día, mes tras mes. Empiezo a darme cuenta del ínfimo nivel de lenguas que, por lo general, tenemos en España, en comparación con otros países. Aún no he conocido a ningún alemán que no sepa inglés perfectamente, teniendo conversaciones a la perfección con anglosajones. Y el nivel de inglés que tienen es el requerido en el colegio, ni más ni menos. La mayoría de Erasmus no españoles, además de la lengua materna y del francés, que por lo general al llegar ya lo tienen bastante curtido, saben otro idioma, generalmente inglés. ¿Los ingleses? Normalmente español, además del francés, claro. ¿Los españoles? Por lo general, intentamos defendernos con el español y de vez en cuando cae alguna frase en francés… Es tan deprimente…


Aquí realmente se está genial, aunque a veces se eche de menos Sevilla. Lo peor quizá sea el pensar que sólo regresaré cuatro meses después. Tan acostumbrado a un lugar y, de buenas a primeras, cambiarlo para no verlo en un tiempo, es difícil… pero una vez habituado a esto, se sobrelleva sin demasiada dificultad…

Cambié mi Guadalquivir por el Lez y el Mosson, la Catedral de Santa María de la Sede por la Catedral de San Pedro, la Universidad de Sevilla por la Université de Montpellier I (hay 3 en esta pequeña ciudad), la tierra de Machado, Bécquer, Velázquez y Turina por la tierra de Jaime I de Aragón, San Roque, Auguste Comte y donde estudió Nostradamus, los Morancos por Rémi Gaillard, la Plaza Nueva, presidiéndola San Fernando, por la Place de la Comédie, con la Fuente de las Tres Gracias como elemento principal... los canis con chándal y gorras Nike por los canis con chándal y gorra Lacoste.

De sur au sud, un viaje del sur de España au sud de la France, 1300 kms que a veces queda en nada y otras en una distancia inalcanzable...
blogs videos