
MIRESTE V.30 - KAUNAS
Sábado 9. 16:00h Pabellón Paragüas ( TRIANA )
SEMIFINAL DISTRITO .
Desde el cielo de Triana se está escribiendo un sueño. Un sueño imposible de calcular, de creer, de contar. Un sueño extraordinario. Hecho con arcilla de alfarero en los mejores hornos de la cava. Un sueño que lleva escrito todos nuestros nombres. Doce nombres fundidos en un solo grito de victoria. Nuestros nombres. Los de un equipo que sólo sirve para la gloria, para mantener unida la fuerza de una piña de manos poderosas que están dispuestas a todo. Manos que quieren escribir una historia que quedará marcada en las retinas del alma. Porque allá arriba nos contemplan. Y nadie puede fallar. No podemos fallarle a nadie.
El cielo nos abre sus ojos para que todos puedan ver el triunfo escalofriante de unos cuantos hombres desnudos ante su propio futuro. Allá arriba están todos. Los que ya se fueron, los más cercanos, los más amados, los que nos abrazan a pesar de todo. Los que estarán a nuestro lado siempre insuflando oxígeno en nuestras venas y aliento para el alma. Allá arriba sólo nos espera el sabor de la VIDA con mayúsculas. ¡Ha sido tanto el esfuerzo para poder llegar hasta aquí!. ¡Tanto el sudor y tantas las lágrimas!. Nadie se merece quedar atrás.
Mañana seremos parte de otra historia, de otras páginas, de otros caminos. Pero el sábado no. El sábado estaremos allí, en Triana, construyendo un sueño que nos mantendrá unidos el resto de nuestras vidas. Algo por lo que habrá merecido la pena vivir y por lo que luchar. Quizás mañana me llamarán de otra forma, y tendré otro silencio, otra mirada, otro gesto. Pero hoy no. Hoy me llamarán hombre, y me mirarán a los ojos, y me mantendrá vivo el orgullo y la sangre de los campeones, de la gente con raza, de la gente con nobleza en el pecho y en el corazón, los que siempre tienen algo que decir, algo importante, algo que no morirá nunca en las propias entrañas. No podemos fallarle a nadie. Pero lo más importante es que no podemos fallarnos a nosotros mismos. No podemos seguir sufriendo ni un segundo más, ni una eternidad más. Sólo cabe la victoria o la muerte, los brazos en alto buscando aire o la fosa cerrada para siempre.
Desde el cielo de Triana se está escribiendo un sueño. Un sueño imposible de calcular, de creer, de contar. Un sueño extraordinario. Hecho con arcilla de alfarero en los mejores hornos de la cava. Un sueño que lleva escrito todos nuestros nombres. Doce nombres fundidos en un solo grito de victoria. Nuestros nombres. Los de un equipo que sólo sirve para la gloria, para mantener unida la fuerza de una piña de manos poderosas que están dispuestas a todo. Manos que quieren escribir una historia que quedará marcada en las retinas del alma. Porque allá arriba nos contemplan. Y nadie puede fallar. No podemos fallarle a nadie.
El cielo nos abre sus ojos para que todos puedan ver el triunfo escalofriante de unos cuantos hombres desnudos ante su propio futuro. Allá arriba están todos. Los que ya se fueron, los más cercanos, los más amados, los que nos abrazan a pesar de todo. Los que estarán a nuestro lado siempre insuflando oxígeno en nuestras venas y aliento para el alma. Allá arriba sólo nos espera el sabor de la VIDA con mayúsculas. ¡Ha sido tanto el esfuerzo para poder llegar hasta aquí!. ¡Tanto el sudor y tantas las lágrimas!. Nadie se merece quedar atrás.
Mañana seremos parte de otra historia, de otras páginas, de otros caminos. Pero el sábado no. El sábado estaremos allí, en Triana, construyendo un sueño que nos mantendrá unidos el resto de nuestras vidas. Algo por lo que habrá merecido la pena vivir y por lo que luchar. Quizás mañana me llamarán de otra forma, y tendré otro silencio, otra mirada, otro gesto. Pero hoy no. Hoy me llamarán hombre, y me mirarán a los ojos, y me mantendrá vivo el orgullo y la sangre de los campeones, de la gente con raza, de la gente con nobleza en el pecho y en el corazón, los que siempre tienen algo que decir, algo importante, algo que no morirá nunca en las propias entrañas. No podemos fallarle a nadie. Pero lo más importante es que no podemos fallarnos a nosotros mismos. No podemos seguir sufriendo ni un segundo más, ni una eternidad más. Sólo cabe la victoria o la muerte, los brazos en alto buscando aire o la fosa cerrada para siempre.
Desde el cielo de Triana se está escribiendo un sueño. Un sueño extraordinario que lleva escrito todos nuestros nombres. Once nombres fundidos en un solo grito de victoria. Y ya sólo nos queda saltar al campo de batalla y esperar a que el mundo y todos los universos conocidos se detengan en un instante mágico y sublime.
